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Día Latinoamericano de la Imagen de las Mujeres en los Medios de Comunicación

A partir de 1990, cada 14 de septiembre se conmemora este día por iniciativa del V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe. Desde IDEGEM se propone un breve recorrido sobre las reflexiones que han surgido a partir de los debates que este tema ha generado en distintos momentos.

14 de septiembre de 2021, 12:00. Por: Milagros Martín Varela (IDEGEM).

Día Latinoamericano de la Imagen de las Mujeres en los Medios de Comunicación

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En el “Día Latinoamericano de la Imagen de las Mujeres en los Medios de Comunicación”, resulta pertinente recordar a algunas pensadoras que han profundizado en el tema. Estos debates tuvieron un importante reconocimiento durante lo que se ha llamado “la Segunda Ola Feminista” en Estados Unidos. 

Un texto característico de esta época fue el libro "La mística de la feminidad", publicado en 1963 por Betty Friedan, en un contexto en el que la televisión y la publicidad en los medios visuales estaban en auge. En el segundo capítulo de este libro, titulado "La feliz ama de casa, heroína", la autora analizó las revistas de la época que estaban destinadas a las mujeres y denunció que éstas son transmisoras de un estereotipo de la feminidad erróneo, distorsionado. 

A su vez, Friedan acusó a los medios en los que la imagen es la protagonista de proveer imágenes que forman la vida de las mujeres y se constituyen como espejos de éstas. Posteriormente, autoras como Sandra Valdettaro (2007) se situarían desde una epistemología constructivista de los medios de comunicación, asegurando que éstos no representan un “real” sino que lo construyen. Autoras como Valdettaro entienden que estos medios son un lenguaje en sí mismos y no “instrumentos”. Además, asumen que los efectos cognitivos que producen son variados y complejos, contra quienes sostenían que eran puntuales y acotados.

Con las ideas de feministas como Betty Friedan, se abren en la academia los debates sobre las “imágenes de la mujer”. Hubo una primera ruptura con la categoría académica de “la Mujer” cuando irrumpió en Estados Unidos el feminismo de las mujeres negras, entre las que se encuentra Angela Davis. Asimismo, Domitila Barrios, esposa de un trabajador minero en Bolivia, increpó a la mismísima Betty Friedan en 1975 en la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer de la ONU, denunciando que las acciones que llevaban a cabo y las propuestas que se realizaban eran exclusivamente para beneficio de las norteamericanas y burguesas, y no tenían en cuenta los problemas de las latinoamericanas. 

En los años 70, gracias a las aportaciones de las feministas que participaron en estos debates, se situó el pensamiento feminista no sólo en la academia sino en el corazón de los estudios culturales. Éstos surgieron en la década de 1960 en el Centro de Estudios Culturales Contemporáneos de Birmingham, en Inglaterra, y constituyen una corriente que estudia los textos, discursos y prácticas culturales enfocándose en las implicaciones ideológicas que intervienen en los planos de producción, consumo y recepción (Isasbel Clúa, 2008). El principal interés de los estudios culturales ha sido lo que se ha dado a llamar “cultura popular”, fuertemente criticada por las feministas de la Segunda Ola como Friedan.

En este sentido, Pablo Alabarces (2020) observa que la cultura popular existe como tal porque, en un momento determinado y mediante un gesto dominante, se consideró que había una serie de bienes y repertorios que podían ser reconocidos sólo a condición de que se les agregara un adjetivo. En definitiva, según Alabarces, la existencia misma de la cultura popular como conocimiento está estrechamente ligado a las dimensiones del poder. Por lo tanto, existe una distancia de poder (porque se basa en una distancia de clase, racial o de género) inherente a quienes se dedican a la investigación que buscan construir conocimiento sobre lo popular. Asumiendo esa distancia como punto de partida, puede decir que lo popular es una arena de disputa en la que se desarrollan conflictos de poder entre los grupos sociales, en donde se contruyen, deconstruyen y reconstruyen permanentemente las distinciones entre las culturas de esos grupos (Hollows, 2000). 

No fue hasta 1990, durante el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, que se estableció el 14 de septiembre como el Día Latinoamericano de la Imagen de las Mujeres en los Medios de Comunicación. La elección de la fecha se basó en el día en que comenzó a emitirse el programa radial "Viva María", producido y conducido por la periodista Mara Régia Di Perna en Brasil. El programa estuvo al aire durante diez años (1980-1990) y trataba sobre problemáticas de género y los derechos de las mujeres. Fue clausurado por el gobierno brasileño. Este día se recuerda en todos los países de Latinoamérica, exhortando a los medios periodísticos y publicitarios a proyectar imágenes de las mujeres libres de estereotipos y discriminaciones y a mostrarlas en su diversidad cultural, étnica, social y económica, en consonancia con los derechos conquistados y reconocidos.

Un año después, en 1991, Angela McRobbie publicó su libro "Feminismo y cultura juvenil". Al igual que Betty Friedan pero 30 años después,  McRobbie analiza las revistas para mujeres, particularmente, aquellas destinadas a las más jóvenes. Pero a diferencia de Friedan, los hallazgos  la llevaron a una postura más conciliadora con la cultura popular, afirmando que hay determinados mensajes de los medios que pueden ser positivos y proporcionar cierto marco de empoderamiento. Así, la cultura popular se erigía como un espacio de resistencia ante la cultura dominante en el que las nociones de género y sexualidad también encuentran alternativas.

En 1992, Susan Faludi publicó "Reacción. La guerra no declarada contra las mujeres" y, en concordancia con McRobbie, señaló que los medios y la cultura popular han incorporado la perspectiva feminista, produciendo nuevas significaciones de género que serían impensables sin los feminismos. Por su parte, a comienzos de siglo, Joanne Hollows (2000) señaló que acusar a la esta cultura de reforzar o proporcionar imágenes conservadoras de la mujer constituye un triple error teórico. Por un lado, se asume que la cultura popular representa identidades de género, pero el proceso no es mecánico sino uno complejo en el que se constituyen, estructuran y producen sentidos acerca de los géneros. En segundo lugar, hay quienes acusan que lo que muestra, dice y propone esta cultura tiene una única interpretación, como si estuviera conformada por “textos autoevidentes”. Sin embargo, los textos siempre pueden tener múltiples significados y su decodificación depende de los distintos repertorios de quienes se acercan a ellos. Finalmente, se asume que todxs lxs intérpretes decodifican los textos de un mismo modo, pero la categoría “mujeres” no puede reducirse a una etiqueta uniforme, porque encubre una diversidad de experiencias y definiciones.

Lo que señaló Faludi en 1992 hoy se ve de una forma sin precedentes en las series televisivas, particularmente en aquellas que son distribuidas mediante plataformas de video a demanda (Netflix, Star+, Disney+, HBO Max, Amazon Prime Video, Paramount+, entre muchas otras). Las producciones de las series televisivas actuales no son ajenas al contexto de la "Cuarta Ola Feminista", a raíz de este movimiento han diversificado las formas en las que representan a las mujeres a través de los personajes que protagonizan las historias que se cuentan. Asimismo, se observan rupturas en arquetipos y estereotipos de mujeres que antes eran frecuentes en las producciones audiovisuales. Esto varía en relación a cada género de la serie y a cada empresa productora.

A pesar de todos los procesos sociales y académicos que se han mencionado, aún existen desigualdades relativas al género en los medios de comunicación: las mujeres trans, las afrodescendientes y las mujeres de barrios populares siguen invisibilizadas en ellos. De la misma manera, los medios de comunicación -tanto informativos como de entretenimiento aún perpetúan el sistema binario y hetero-cis-normativo de la sociedad en la que vivimos y, en consecuencia, todavía marginan e invisibilizan a otras identidades sexogenéricas a las que dicho sistema vulnera. Aún queda un largo trecho para que los medios de comunicación aporten a la construcción de un mundo más igualitario, con justicia social y miradas feministas.

Bibliografía consultada:

  • Alabarces, P. (2021). Pospopulares. Las culturas populares después de la hibridación. Universidad Nacional de San Martín. Disponible aquí.
  • Clúa, I. (2008). Género y cultura popular. Estudios culturales 1. Ed. Discursos.
  • Davis, A. (1981). Mujeres, raza y clase. Ed. Akal.
  • Faludi, S. (1992). Reacción. La guerra no declarada contra las mujeres. Anagrama.
  • Friedan, B. (1963). La mística de la feminidad. Ed. Cátedra.
  • Hollows, J. (2000). “Feminismo, estudios culturales y cultura popular” en Feminism, Feminity and Popular Culture. Manchester. Manchester University Press. Traducción de Pau Pitarch.
  • Martín Varela, M. (2020). “¿Qué feminismos? La Cuarta Ola y las series de televisión” en Rodríguez Agüero, E. y Encinas, N. (comps.). Feminismos en la comunicación: medios, redes y artivismo al calor de la Cuarta Ola. Universidad Nacional de Cuyo. Disponible aquí.
  • McRobbie, A. (1991). Feminismo y cultura juvenil. Macmillan Education UK.
  • Valdettaro, S. (2007). “Medios, actualidad y mediatización” en Boletín de la Biblioteca del Congreso de la Nación (Nº 123, pp. 51-65).