Saltar a contenido principal Saltar a navegación principal

Marta Dillon: “Pensar a la familia como una unidad cerrada sobre sí misma es la tierra fértil para la violencia machista”

La referenta de Ni Una Menos reflexionó acerca del documental que guionó, “Línea 137”, y sobre la violencia de género en el contexto del aislamiento por la pandemia.

16 de abril de 2020, 12:59. Por: Milagros Martin Varela - IDEGEM.

Marta Dillon: "Pensar a la familia como una unidad cerrada sobre sí misma es la tierra fértil para la violencia machista"

Foto Gentileza Marta Dillon Ampliar imagen


Desde el jueves 16 hasta el viernes 25 de abril se puede ver sin cargo en la plataforma Cine.Ar el documental Línea 137. Esta producción audiovisual, dirigida por Lucía Vassallo, trata sobre la línea gratuita para la atención a víctimas de violencia machista. El guión y la investigación de Marta Dillon que derivó en esta realización del documental indaga en las historias detrás de cada llamado y también en cómo encaran su labor lxs operadorxs, personal -en su mayoría mujeres psicólogas y trabajadoras sociales- capacitado para asistir estos casos.

Marta Dillon es escritora, periodista y activista feminista, referenta de Ni Una Menos. La guionista de Línea 137 comentó que la idea de hacer este documental surgió desde la creación misma del programa debido a lo novedoso que resultaba: detiene situaciones de violencia en curso y está gestionado por operadoras (y también operadores, pero la gran mayoría son mujeres) que están formadas, que militan en el feminismo y que son profesionales que acuden a los llamados de manera presencial. 

A continuación, una breve entrevista a la referenta del activismo feminista en nuestro país:

¿De qué se trata Línea 137? ¿Cómo surge la idea del documental?

La idea del documental empieza a pensarse desde la creación misma del programa. Porque era una forma de intervención novedosa, en el sentido de que interviene realmente, con operadoras y operadores también, pero fundamentalmente operadoras que están formadas, feministas, profesionales que acuden a los llamados de manera presencial. No es una línea de ayuda, no es una línea de orientación, sino que detiene situaciones de violencia en curso. Después, acompañan a quienes han sido victimizadas en el proceso de comenzar, de hacer la denuncia, conseguir las órdenes, las medidas cautelares de protección y hay seguimiento de los casos para ver si han podido continuar la denuncia. Esto hace que las víctimas sean agentes de esto, de la posibilidad de correrse de ese lugar de víctimas y de encontrar salidas de círculos de violencia casi siempre muy asfixiantes. Porque cuando se llega a las llamadas no es porque pasó una primera vez sino porque es reiterado.

La idea del documental era una estrategia para contar la violencia machista desde otro punto de vista, desde quienes ponen el cuerpo, desde quienes hacen este acompañamiento y se encuentran tanto con la posibilidad de acompañar a alguien, de ver cómo cambia su posición en el mundo a partir de la posibilidad de denunciar, de correrse de ese lugar, desde separarse de la situación violenta y del violento, del agresor.

También cierta impotencia y este “burn-out", este cansancio, este agotamiento que genera estar todo el tiempo en contacto con situaciones dolorosas y cuáles son las estrategias que tienen para seguir con su trabajo y poder ir de caso en caso sin pensar que abandonás a alguien porque vas a atender otra situación o sin quedarse pegados o pegadas siempre en esa situación que muchas veces son dramáticas. Y muchas veces, lamentablemente, se repiten los llamados. Hay personas que llaman una y otra vez y eso también es doloroso.

¿Qué es lo más impactante, a tu parecer, del documental?

No sé si la palabra es “impactante”, pero creo que es tomar conciencia de que mientras estamos haciendo cualquier cosa, mientras estamos teniendo esta conversación, hay alguien que está sufriendo violencia machista. Eso me parece que es lo que sabemos en algún punto, pero también ver este trabajo silencioso, que sucede de día, que sucede de noche, que sucede a la tarde, que lleva un montón de horas. Saber que hay alguien que está pidiendo ayuda y que hay quienes están poniendo el cuerpo para detener una situación de violencia. Pero tenemos que dejar de naturalizar que esto es así, esto no puede ser así. Porque es una forma de padecimiento que es evitable y que necesitamos un compromiso estatal y social muy fuerte. 

¿Qué reflexión tuya merece este contexto de pandemia, de aislamiento obligatorio, la violencia de género y los femicidios que han sucedido en estos días?

El aislamiento, el distanciamiento social y el encierro doméstico, para las mujeres, es un riesgo enorme. Eso lo sabíamos desde antes, lo sabemos desde siempre las feministas. Lo denunciamos desde siempre. El esquema de pensar a la familia como una unidad cerrada sobre sí misma, que lo que pasa dentro de la familia queda dentro de la familia, donde la autoridad parental es inapelable es la tierra fértil para el abuso sexual en la infancia y para la violencia machista. Lo sabemos.

Es una preocupación enorme pensar en todas esas compañeras, mujeres, también travestis. Porque las travestis también sufren otras formas de violencia machista. Niños y niñas que están encerrados con agresores, con violentos. Y no sé, adolescentes lesbianas, gays, travestis, trans que están ahora ahí sintiendo el rechazo o siendo expulsados de sus casas porque en la convivencia salen del clóset, por ejemplo. La situación de la obligación de convivir con la familia y la prevalencia de la unidad familiar basada en los lazos biológicos, basada en las normas heterosexuales, son un riesgo para cualquiera que cuestione al patriarcado. Son un riesgo para las mujeres, para lesbianas, para travestis, para trans, para maricas. Y sobre todo es un sistema que va en contra de la libertad, que cuestiona nuestras decisiones. Es decir, este encierro, para nosotras, es violencia en sí misma.

Por supuesto que hay quienes podemos encontrar en nuestras casas la posibilidad de habitar lo doméstico, de pensar en el cuidado, en cómo invertimos nuestro tiempo, en cuánto tiempo no nos tomamos a diario para cuidarnos, para pensar qué comemos, para pensar cómo habitamos, qué relación tenemos con el aire, con el agua, con los animales, con las plantas. No son cosas voladas, son cosas bien concretas que tienen el borde concreto de lo que significa estar viva. Y para otras es solamente tratar de aguantar, de callarse, de no generar situaciones, como si hubiera una posibilidad de evitar a través de lo que una hace que haya violencia dentro de un lugar.

El Estado, a través del Ministerio de Mujeres y a través de algunas iniciativas como la mesa interministerial entre Seguridad, Justicia y Ministerio de Mujeres y Géneros, a nivel nacional, decidieron hacer una mesa para tratar los casos críticos pero sabemos que los casos críticos hay que resolverlos porque sino terminan en femicidio, obviamente. Pero hay que generar una comunicación fluida, permanente, desde los medios de comunicación, desde todas las comunicaciones del Estado, para que hagan foco en lo que significa la violencia machista. Porque estamos cansadas de contar muertas, pero también estamos cansadas de tener que tolerar lo intolerable, que es el menosprecio, las humillaciones, los gritos, todo eso que se genera dentro de los hogares y que ahora sin duda está aumentando más allá del número de las denuncias.

 

La línea 137 

Cualquier persona que sea víctima de violencia familiar (vecinxs que escuchen o presencien violencias en otro domicilio, instituciones, familiares de víctimas) y cualquier otra persona que necesite orientación, en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), puede comunicarse telefónicamente a la línea 137 las 24 horas del día, los 365 días del año.

Asimismo, el 28 de marzo de este año 2020, se dispuso de un número de contacto de WhatsApp de la línea, que es el 113133-1000.