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Día de la Memoria: Mujeres activistas antes, durante y después de la dictadura

Las historiadoras de la UNCUYO e integrantes del IDEGEM Laura Rodríguez Agüero y Violeta Ayles reflexionaron sobre el rol de las guerrilleras, las mujeres secuestradas en el último golpe militar, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y los antecedentes de los movimientos feministas actuales.

23 de marzo de 2021, 13:23. Por: Milagros Martín Varela (IDEGEM).

Día de la Memoria: Mujeres activistas antes, durante y después de la dictadura

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Cada 24 de marzo se recuerda el inicio de uno de los episodios más oscuros de la historia de nuestro país. En los calendarios figura como el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, consignas que surgieron y se mantienen vivas a partir de movimientos conformados, en gran parte, por mujeres activistas. En 1976, la Junta Militar tomó el poder mediante un golpe de Estado y, a través del aparato estatal, impulsó un plan sistemático de persecución, represión y crímenes de lesa humanidad.

Con semejante operativo, la Junta secuestró, torturó y desapareció a, por lo menos, 30.400 personas. El 30 de abril de 1977, 14 mujeres comenzaron a manifestarse en Plaza de Mayo, pidiendo una reunión con el dictador Jorge Rafael Videla y exigirle respuesta acerca de dónde estaban sus hijxs y que habían hecho con ellxs, porque se los habían llevado y desde entonces no tenían noticias. Ante la orden de la Policía de circular, ya que por el Estado de Sitio las reuniones estaban prohibidas, las Madres empezaron a caminar alrededor de la Pirámide de Mayo, reclamando por sus hijxs desaparecidxs. Así surgieron las Madres de Plaza de Mayo.

“Las mujeres fueron las primeras que se animaron a salir a la calle en plena dictadura. Fueron las Madres y las Abuelas de la Plaza de Mayo”, asegura Laura Rodríguez Agüero, historiadora de la UNCUYO e integrante del IDEGEM. Por su parte, Violeta Ayles, también historiadora e integrante del IDEGEM, afirmó que fueron las familias las que salieron a luchar por sus desaparecidxs. “No fueron solamente las mamás y las abuelas. También estuvieron los papás, los abuelos, lxs hermanxs. Pero específicamente las mamás pudieron jugar un rol político fundamental y organizarse y generar un espacio de organización colectiva, que eso debiera ser un primer aprendizaje para todxs nosotrxs: la necesidad de dar las luchas hermanadas con otras y no en solitario. Eso fue algo que tuvieron que aprender forzosamente”.

Las prácticas represivas desplegadas por la Junta Militar tuvo una fuerte incidencia del género. Estas prácticas se aplicaron según los roles de género y, aunque no puede decirse que fueron más violentas contra las mujeres que contra los varones, sí hubo distinciones. Violeta Ayles subraya, en este sentido, la práctica sistemática de lo que fue la violación sexual hacia las mujeres detenidas en los centros clandestinos de detención. “La práctica de violación sexual individual y grupal contra mujeres secuestradas fue una constante y tiene que ver con el desempeño de la violencia patriarcal dentro del plan genocida-represivo”, ratificó. 

Según Ayles, el discurso “oficial” en aquel momento era profundamente cristiano, occidental y patriarcal: consideraban que el lugar de las mujeres era la familia, el cuidado de la casa, del esposo y de lxs hijxs. Otros roles correspondían exclusivamente a los varones: el espacio público, el activismo sindical y político y la guerrilla. “Entonces, que una mujer fuera guerrillera, que empuñara las armas, también ocupó ahí una figura que fue muy fuerte en el momento del enfrentamiento”, manifestó la historiadora. Y aseguró que había hipocresía en ese discurso familiarista de los dictadores: “Esa idea de que ellos defendían la familia junto con la patria, mientras secuestraban a mujeres embarazadas y las hacían parir en medio de tormentos y en las peores de las condiciones insalubres para robarle a sus hijxs. Es decir: en ese momento, la figura que menos importaba era la de la mamá. Esa mujer, que era mamá y que eran mujeres que habían deseado ser mamás y por eso estaban embarazadas y habían soñado con esos hijes a la par que con sus sueños de revolución”. 

Ayles también destaca que en Mendoza existió una particularidad con respecto a la represión contra las mujeres durante la dictadura: a la par del comando anticomunista Mendoza, se creó el Comando Moralizador Pío XII, ambos centralizados a través del jefe de la Policía local, que fue Julio César Santuccione. La especialista asegura que “en la etapa previa a la dictadura, no solamente hubo una represión desatada contra militantes activistas de izquierda sino también contra mujeres en situación de prostitución que también recorrieron algunos circuitos similares a los que recorrieron las y los militantes secuestrados y de hecho varias y varios de ellos dan cuenta de la ayuda solidaria que recibieron de las prostitutas dentro del D2, por ejemplo”.

Laura Rodríguez Agüero expresó que, una vez producido el retorno de la democracia, las mujeres también tuvieron un rol fundamental: “fueron las que en primer lugar impulsaron la consigna "aparición con vida" de sus seres queridos y queridas; consigna que más adelante se transformó en ‘Memoria, Verdad y Justicia’. En esto también hay que tener en cuenta que muchas ex militantes de la década del 70 fueron las que encabezaron las luchas por Memoria, Verdad y Justicia y no casualmente, fueron las pioneras del movimiento de mujeres de la década de los 80 en Argentina. Movimiento de mujeres que es antecedente directo de los movimientos feministas actuales”. En este aspecto, Violeta Ayles agregó que “el primer 8 de marzo en democracia, de 1984, fue un acto político muy potente en la Plaza de los Dos Congresos en donde se juntó, se reunió una buena cantidad de mujeres con consignas que tenían que ver con la igualdad salarial, con el derecho al divorcio pero también con consignas que tenían que ver con el derecho al placer y la sexualidad y el derecho al aborto. 

Ambas historiadoras consideraron fundamental el legado que las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo dejaron a las generaciones venideras en general y a los feminismos en particular. Para Rodríguez Agüero, tiene que ver con la búsqueda de Justicia y no de venganza, porque “durante décadas, Madres, Abuelas y Organismos de DDHH en general han luchado porque los responsables del genocidio sean juzgados a través de un juicio justo y con todas las garantías constitucionales que les fueron negadas a sus seres queridos, que se encuentran desaparecidos”.  Ayles resumió ese legado en las siguientes palabras: “Organización, solidaridad, trabajo colectivo, persistencia, paciencia, resistencia y desobediencia”.